Tiempos confinados

Tiempo convulso en el que un enemigo invisible nos ha encerrado en lo que para unos es una zona de confort y para otros un campo de batalla. Unos han descubierto que echan de mas lo de dentro y de menos lo de fuera, otros se han reconciliado con su mundo interior e incluso han aprendido sin pensar tanto en las vacaciones y pensando más en su vecino desconocido. Personas que salvan vidas convertidas en héroes y heroínas a través de aplausos en balcones, mascarillas como complemento y una lírica de 1988 reconvertida en himno nacional entre arcoíris de pintura. Edificios fríos de saludos convertidos en comunidades de personas preocupadas por personas. Pequeños caballeros y pequeñas guerreras dando lecciones a quienes deberían dárselas a ellos/as.

El mundo nos ha sacudido por completo y la vida nos ha dejado del revés, sin planes, sin proyectos, con angustia, con ansiedad, con el mismo nivel de necesidad de dar un abrazo que de miedo por darlo. El invisible ha hecho vulnerables a aquellos que han dado su vida por nosotros/as. Y el mundo del revés, el minutero del reloj sigue avanzando mientras las fronteras están cerradas y no solamente las de los países, si no las de los corazones. Corazones embargados por echar de menos, corazones embargados por el silencio, corazones embargados por la ansiedad, corazones embargados por la incertidumbre, corazones embargados por el duelo. La distancia, los kilómetros, las paredes… nos han hecho reflexionar y aprender, aprender que lo importante no se ve, si no se siente. Aprender que lo banal, era lo importante y que aquello que podíamos pensar que estaría siempre, puede no estar. Ahora los brazos no sirven para abrazar, si no, para medir distancias de seguridad física. Todo está del revés, o casi todo, porque lo importante, lo que tenemos dentro, lo que sentimos, lo que somos, sigue ahí o al menos, debería.

Reencuentros que comienzan, reencuentros que terminan, reencuentros que sirven para calmar el alma y sentir que ese echar de menos, ahora es un poquito menos. Espejos que nos recuerdan que, aunque el tiempo ha pasado quien estuvo y quiera estar, estará. Tiempos que nos enseñan más de lo que imaginábamos que nos enseñarían.

Momentos de calma tras la tempestad, mientras dure seguiremos soñando despiertos, riendo bajo la mascarilla, besando con la mirada, abrazando con las palabras, mirando con los ojos cerrados y echando de menos, aunque sea menos.