Hoy os voy a hablar de un dragón, un dragón que me ha tenido alejada de las teclas y la pluma. El dragón llamado ansiedad. Porque no, la ansiedad no es una elección, la ansiedad no se cura con un «cambia de actitud». La ansiedad llega para arrebatarte la seguridad en ti y también, en el mundo. Hay días que te destroza por dentro mientras que por fuera te echas dos gotas de maquillaje y parece que eres la persona más feliz del mundo. Hay días que no te deja dormir y días que te provoca pesadillas. Es no poder parar ni un minuto porque en ese minuto aparece un miedo, una inseguridad, una preocupación y no se va y cuando parece que se va… Regresan con más fuerza. El dragón puede pasarse horas escupiendo lo mismo en tu cabeza una y otra vez, como una lavadora centrifugando la ropa. También es acordarte tiempo después de algo que dijiste o hiciste y que ahora tu cabeza dice que está mal, de ese detalle que en su momento te pasó inadvertido y que ahora lo vives como un drama. Significa que meses después recuerdes algo que te pasó que te provocó miedo y hoy sienta un escalofrío que recorre todo tu cuerpo como si estuviese ahí otra vez. Es querer estar solo con tus pensamientos y contigo mismo cuando peor estás (y cuando curiosamente más necesitas una mano) porque piensas que no te escucharán, porque piensas que te rechazarán. La ansiedad es una lucha diaria contra un dragón que está persiguiéndote, un dragón que está dentro de ti. No te puedes relajar ni olvidar de que ese dragón está ahí porque cuando lo haces es cuando aparece, cuando mejor estás es cuando aparece. Es como si esperase agazapado el momento para atacarte, como un depredador con su presa. Y no, no es fácil. Como tampoco es fácil la lucha para quien tiene cáncer o quien tiene cualquier otro tipo de enfermedad o trastorno, ninguna lucha es fácil, ninguna lucha contra el miedo es sencilla. La ansiedad nos destruye a nosotros mismos, la ansiedad nos vuelve inseguros, la ansiedad nos hace dudar, la ansiedad nos impide relajarnos, la ansiedad nos impide hacer aquello que realmente deseamos porque nos envuelve en dudas. Hay épocas mejores en las que el control sobre ti, sobre tu mente es mayor. Hay otras épocas en las que los problemas se vuelven dramas, las discusiones son el fin del mundo, pides disculpas hasta la saciedad por errores que tal vez ni has cometido y eso es lo que al dragón le importa, salirse con la suya. La ansiedad es provocar los motivos que tu cabeza necesita para darle la razón al dragón.
El odiado dragón que sigue y persigue, pero que por mucho que esté ahí… El primer paso para vencerlo o al menos dominarle es reconocer que está ahí, es invitarlo a una taza de café para explicarle que si, que puede vivir en ti pero que tú marcas los límites, tú decides que alquiler le cobras. Siempre hay que seguir luchando contra él, yendo por delante en la carrera de fondo y sobretodo, si no puedes con él, pide ayuda, aprende a relativizar, aprende a preguntar, aprende a no tener miedo.
Pero no, el dragón no siempre es malo, también tiene cosas buenas, como convertirte en una persona más analítica, en una persona observadora, en una persona que en dos horas es capaz de hacer lo que otros no hacen en varios días, el dragón te da agilidad, rapidez mental… Se dice que muchos de los grandes genios o creativos del mundo en algún momento de su vida sufrieron al dragón.
Si conoces a alguien que sufre ansiedad… no juzgues y escucha, no des consejos y ayuda, si te preguntan si te sentó mal algo, no lo tomes a mal y responde… No es difícil hacer sentir bien a una persona que sufre ansiedad, no es difícil hacerle llevadera la «agonía». La lucha no es contigo, es consigo mismo. No intentes entender porque si no lo sufres jamás lo lograrás, solamente acepta.