Ella

Esos momentos en la vida en los que te quedas inmóvil sin saber hacía donde dirigirte, ni qué camino tomar. Ella sentía que todo salía del revés en vez de salir del derecho. Miraba al cielo mientras caía la nieve, pero se encerraba bajo llave cuando salía el sol. Miraba a su alrededor y no veía lo que debía ver porque era incapaz de quitarse las gafas pragmáticas de la desconfianza. Ella echaba de más a quien tenía que echar de menos y echaba de menos a quien tenía que echar de más. Ella se acordaba de quien no estuvo y siempre se olvidaba de quien estaba en el momento; siempre olvidaba los buenos detalles para quedarse con los (no)detalles. Ella lloraba porque quería llorar, pero se sentía en la obligación de sonreír en las fotos porque quedaba mal salir seria. Ella buscaba cariño en los juegos baratos de bar porque la soledad le embriagaba. No quería que la entendiesen porque sabía que entonces su mayor secreto dejaría de ser secreto. Odiaba los abrazos porque la volvían frágil mientras miraba al cielo echando de menos algunos de esos que le robaron antes de tiempo.

Ella tocaba las teclas de la vida probando a ver cuál sonaba mejor sin saber cuál era la mejor, pero le daba igual, sabía que hiciera lo que hiciera había cosas que jamás volverían por mucho que mirase atrás, que por muchos momentos que quisiera vivir, alguno no podría y otros, quien sabe. Ella se agobiaba con las vueltas de la vida y le encantaban los minutos de calma, los segundos entre las mantas en pleno invierno. Había perdido tanto calor que se había convertido en un iceberg sin sentido. Tenía tanto que contar y tan pocas ganas de escuchar que por una vez decidió callar y pararse a pensar, y entonces descubrió que esa había sido su peor decisión en la vida. Pensar, pero por más que intentaba dejar de hacerlo no podía ni de día ni de noche, por más que intentaba frenar su sexto sentido era incapaz.

Ella era un desastre y lo sabía, pero le gustaba seguir siéndolo, era algo que sabía que no lograría cambiar nunca. Ella, era simplemente ella, sin mucho qué decir y tanto qué contar. Tan pocos oídos dispuestos y tan pocos brazos con ganas. Ella, que se sentía sola cuando más acompañaba estaba y tanto miraba a su alrededor en busca de algo que ni ella sabía que era. Ella, a los que tan pocos entendían, pero tantos decían querer. Simplemente, ella.